La discriminación a los pensionados venezolanos como síntoma de un sistema de seguridad social Inconcluso.

Poradmin

junio 30, 2026

Dr. Gustavo Duque Largo

gustavoduquelargo@gmail.com

La reciente distinción de hecho entre pensionados y jubilados en el sistema de

protección social venezolano no es un mero desajuste administrativo. Es el reflejo más

evidente y doloroso de un sistema de seguridad social que, contra lo que manda la

Constitución, se ha vuelto fragmentado, segmentado y profundamente

discriminatorio. Desde una perspectiva jurídica, esta diferenciación no solo es

reprochable, sino que constituye una violación flagrante del principio de igualdad y del

derecho a una vejez digna.

La promesa constitucional incumplida

La base de todo el sistema descansa en el artículo 86 de la Constitución de la

República Bolivariana de Venezuela, que consagra el derecho de toda persona a la

seguridad social y establece la obligación del Estado de crear un Sistema de Seguridad

Social Universal, integral y unitario . Esta norma es clara: no puede haber ciudadanos

de primera y de segunda categoría en el acceso a la protección social. La seguridad

social debe ser un derecho para todos, sin distinciones que segmenten a la población.

Sin embargo, la realidad es tozuda. Mientras un jubilado puede percibir un

ingreso cercano a los 79 mil bs mensuales, un pensionado del Instituto Venezolano de

los Seguros Sociales (IVSS) apenas recibe 41 mil bs, una cantidad que no solo es

insuficiente para cubrir las necesidades básicas, sino que representa una humillación

y un acto de discriminación material. Esta brecha abismal contradice el mandato

constitucional de un sistema unitario y convierte el derecho en un privilegio para unos

pocos.

La fragmentación como origen de la desigualdad

La raíz de esta discriminación no es casual, sino estructural. Expertos y

organizaciones como PROVEA han señalado que en Venezuela no existe un sistema de

seguridad social propiamente dicho, sino “un conjunto de programas descoordinados

y medidas de carácter asistencialista” . Esta es la consecuencia de un fracaso

histórico: la perpetuación de la lógica de “seguros sociales” para los trabajadores

formales, frente a una asistencia social precaria para el resto de la población .Este esquema, conocido como segmentación, crea una división social donde la

calidad y el monto de las prestaciones dependen del sector de inserción laboral o de

la capacidad de pago . El IVSS, concebido como un seguro para asalariados, nunca

logró su objetivo de universalizarse, y en su lugar se fue debilitando, al punto que hoy

sobrevive con un déficit estructural y una gestión opaca que impide conocer siquiera

el número exacto de beneficiarios .

El agravante: El asistencialismo como política de Estado

El problema se agrava cuando el gobierno recurre a programas como la “Gran

Misión en Amor Mayor” para suplir la falta de un sistema integral . Esta política, si bien

puede aliviar temporalmente a algunos, tiene un carácter discrecional y clientelar. Al

no ser un derecho exigible, sino un beneficio que se otorga (y se puede retirar) de

manera arbitraria a través de una plataforma como el Carnet de la Patria, se profundiza

la desigualdad. No se trata de garantizar un derecho, sino de administrar dádivas que

refuerzan la dependencia política, fragmentando aún más a la población adulta mayor

en “pensionados del sistema” y “beneficiarios de un bono” .

Por lo antes planteado, podemos concluir que la distinción entre jubilados y

pensionados es, en esencia, la manifestación más cruda de un sistema que ha

renunciado a su deber constitucional. Al no existir un Sistema Público Nacional de

Salud y Seguridad Social integrado, el Estado permite que la fragmentación y la

segmentación dicten quién merece una pensión digna y quién debe sobrevivir con una

miseria .

Este acto no es solo inmoral; es anticonstitucional. Viola el derecho a la

igualdad (artículo 21) y el derecho a la seguridad social (artículo 86), al tratar de forma

desigual a quienes se encuentran en una situación análoga: la vejez. Mientras el Estado

no cumpla con su obligación de crear un sistema unitario, universal e integral, estará

condenando a una parte de la población a una vejez indigna, perpetuando una

discriminación que tiene en los pensionados a sus principales víctimas y que

encuentra en la debilidad institucional su principal cómplice.

Dr. Gustavo Duque Largo.

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